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jueves, 27 de agosto de 2009

DE 30 CENTIMETROS Y OREJAS PUNTIAGUDAS


¿Duendes en San Juan?

Vecinos de la localidad de Chimbas dice que lo tuvo encerrado en una jaula. "Con la jaula y todo, el Ariel lo encerró en el Renault 6 que tenemos en el fondo. Y él se guardó la llave. A veces lo traía al comedor, entonces venía la gente a verlo, y lo dejaba andar un rato por la mesa”, dijo la hermana de quien afirma haberlo capturado.

Foto, gentileza Diario de Cuyo
Foto, gentileza Diario de Cuyo

Los vecinos de la localidad sanjuanina de Chimbas aseguran haber visto a un duende de orejas puntiagudas y de unos 30 centímetros de altura, que gruñe y "pega alaridos", mientras que un hombre de 31 años que vive allí afirma incluso que lo tuvo encerrado en una jaula en su casa, pero al final lo dejó ir.

La noticia causó tal revuelo en el pueblo que hasta la Policía local fue ayer hasta una vivienda donde aseguraban que estaba el duende, pero llegó tarde: el curioso personaje ya no estaba.

Los lugareños, en tanto, aseguran que el duende estuvo más de una semana atrapado en una jaula, en la casa de un vecino, y dicen que muchos de ellos "tuvieron que pagar" para poder verlo.

En sus numerosos testimonios, los vecinos, citados por el Diario de Cuyo, de esta provincia, aseguraron que el duende mide entre 30 y 35 centímetros de alto, que tiene "orejas puntiagudas", que "camina de costado" y que "impresiona tanto que da miedo".

También sostuvieron que el personaje "gruñe y de noche pega unos alaridos tan fuertes que se escuchan en todo el barrio y los perros se enloquecen".

El hombre que dice haber tenido en una jaula al duende es Ariel Fernández, quien, sin embargo, aseguró que lo liberó el miércoles pasado.

Afirmó, además, que se arrepiente mucho de haberlo dejado ir, porque al día siguiente fue a su casa "gente de la Universidad" a querer comprárselo.

"Era impresionante. Verde, daba mucho miedo. Yo no lo quise mirar mucho", contó una joven del barrio. "Mi mamá no se animó a ir a verlo, pero yo sí. Lo sacaron un ratito de la jaula y caminaba de costado en la mesa. No hablaba, hacía como unos gruñidos. Tenía cuatro dedos en vez de cinco", señaló a su vez otra vecina citada por el diario.

Un adolescente del mismo barrio afirmó por su parte: "Yo entré a verlo y le hice fotos con el celular. Movía las manitos, era muy feo, como un viejito deforme".

De acuerdo con lo señalado por el diario, una veintena de personas que viven en Chimbas aseguró haberlo visto, y se agregó: "Todos fueron entrevistados por separado y la descripción que hicieron del supuesto duende fue exactamente la misma".

También contaron que Fernández les cobraba por entrar a su casa a verlo, desde 5 hasta 50 pesos, y que quienes tenían "demasiado miedo para entrar, directamente le pasaban la cámara o el celular al hombre para que éste lo fotografiara, también a cambio de un pago".

Pero el caso también tiene sus detractores: "Es todo mentira, es un muñeco", dijo una vecina del mismo barrio, madre de tres hijos, quien admitió que no había querido ir a lo de los Fernández a ver el fenómeno "porque nadie puede pillar un duende, no se dejan pillar, porque los ayuda el diablo".

Fernández señaló que cuando llegó con el duende a su casa, su madre le dijo que "sacara esa porquería" de allí, pero como la mujer se fue a La Rioja, él lo conservó junto a sus hermanos.

"Le tirábamos carne y pan, pero no comía. También le dábamos agua, pero no tomaba", dijo Vanesa, hermana menor del joven.

"Con la jaula y todo, el Ariel lo encerró en el Renault 6 que tenemos en el fondo. Y él se guardó la llave. A veces lo traía al comedor, entonces venía la gente a verlo, y lo dejaba andar un rato por la mesa. El bicho estaba siempre agachadito, hacía ruidos. Y de noche daba unos alaridos... los perros se ponían a ladrar y los vecinos nos gritaban cosas", relató la joven.

Según contó Ariel, encontró al duende "merodeando atrás del cementerio de Pocito", cerca de donde él trabaja, tras lo cual lo envolvió en una campera y se lo llevó.

"Lo único que comió esos días fue unos cueros de pollo", dijo. "La gente hacía cola para verlo, al principio se asustaban pero después se acostumbraron", contó Darío, otro hermano del muchacho.

Ariel, finalmente, dijo que decidió soltarlo cerca de donde lo había encontrado por dos motivos: se le había llenado la casa de gente, y "el bicho ya tenía los ojos colorados, y parecía muy triste o enojado".

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