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"Si el vuelo fuera el leguaje del hombre,
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98.9 FM COMUNIDAD

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domingo, 18 de octubre de 2009

Yo no soy una buena madre. Y probablemente usted, que me lee, tampoco.

Si usted ha decidido quedarse en casa y consagrase al cuidado de sus hijos
es usted una madre hiperprotectora, amén de un parásito, un ser que vive a
expensas de otro y a espaldas de las verdaderas preocupaciones y
dificultades de la vida.
Si usted trabaja fuera de casa entonces desatiende usted a sus hijos, y
nadie valorará el hecho de que tenga usted que hacer verdaderos
malabarismos para conciliar la vida familiar y la laboral.

Lo peor de todo es que unas madres y otras van acusándose mutuamente: la que se queda en
casa arremete contra la que trabaja, y viceversa, como si no fuera
suficiente con recibir los ataques de los pediatras, los psicólogos, los
especialistas en sueño, los periodistas, las madres, las suegras y las
cuñadas.

Nosotras, las madres de hoy, aseguran ciertos psicoanalistas, somos la
fuente de todos los problemas de nuestros hijos, porque tenemos demasiada
fuerza y le hemos robado la autoridad a los padres.
Si su hijo es hiperactivo, si tiene rabietas, si insulta a otros niños en
el colegio, la culpa será siempre de usted, porque o bien le consiente
demasiado o bien no le atiende lo suficiente. ¿Y dónde están esos padres a
los que les hemos robado la autoridad? ¿Cuánto han luchado para
defenderla?
Nadie culpará al padre, nadie cuestionará nunca que el padre trabaje fuera
de casa o viaje. Pero ¡ay de usted si lo hace! No solo tendrá que
enfrentarse al goteo constante de comentarios más o menos directos o
indirectos por parte de su madre, de su suegra, de las madres de los
compañeros de cole de su retoño, sino, sobre todo, tendrá usted que lidiar
con su propio sentimiento de culpa, que no la dejará vivir.

Yo no soy una buena madre. Trabajo fuera de casa y además viajo. Dejo a mi
hija con canguros. Tengo novios y vida social. No le he proporcionado a mi
hija ese entorno familiar estable que entronizan los manuales de
pediatría y las revistas de papel couché.

No soy una buena madre pero pago las facturas de mi hija (el colegio, la
comida, los canguros, la ropa, los juguetes, el pediatra y, muy a mi
pesar, las Barbies), apenas duermo para poder llevarla al colegio todos
los días, dedico la mayor parte de mi tiempo libre a su cuidado y todo mi
espacio mental a pensar en ella.

No soy una buena madre, como no lo somos ninguna. Es lo más parecido a lo
que vivíamos en la primera adolescencia. La que intimaba con los chicos
era una p**a, la que se resistía era una estrecha: no había término medio.

El caso es que nunca llueve a gusto de todos y una mujer nunca hace las
cosas bien.

A la madre nunca se le valora lo que hace y para colmo no tiene derecho a
quejarse, so pena que se le diga que… es una mala madre.
Nuestra sociedad es perfeccionista y quiere individuos perfectos.

Superhombres que se afeiten con acabado impecable, que conduzcan coches
que apenas hagan ruido, que vayan al gimnasio tres veces por semana.
Supermadres de brillante sonrisa y silueta juncal, triunfadoras en todos
los ámbitos, adoradas por sus maridos y respetadas por sus jefes, y
criadoras de niños sanos y emocionalmente estables. Nuestra sociedad ha
convertido el goce en un modelo, y el goce inmediato en el valor supremo.
Y un niño no es goce ni inmediatez. Un hijo implica renuncia y
perspectiva. Y sobre todo, implica aceptar que la perfección no existe.

Usted, que me lee ¿está con los nervios de punta porque no le da tiempo a
hacer todo lo que debería?, ¿tiene diez kilos de más?, ¿no tiene tiempo
para ir al gimnasio y, si lo tuviera, lo emplearía en dormir?, ¿desearía
que a veces fuera él el que se ocupara de la compra, de la colada, de los
biberones y de la visita al pediatra?, ¿a veces se enfada, a veces está
harta, a veces llora y a veces, mucha veces, no está en condiciones de dar
lo mejor de sí misma?

Estupendo. Bienvenida al Club de las Malas Madres. Recuerde: no somos las
mejores pero somos la mayoría.


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