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lunes, 2 de mayo de 2011


Políticos, intelectuales y decenas de vecinos asistieron al Club Defensores de Santos Lugares para acompañar a los familiares del escritor fallecido a los 99 años. Cerca del mediodía, partirá el cortejo rumbo a un cementerio de Pilar, donde descansarán los restos del notable autor y ensayista.
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La literatura argentina despide a uno de sus íconos populares. El velatorio a Ernesto Sabato 
comenzó
 pasadas las 17 horas en el Club Atlético Defensores de Santos Lugares, que abrió las
 puertas de su 
salón de actos para que quienes esperaban en la vereda pudieran ingresar al velatorio del notable
 escritor, quien murió en la madrugada del sábado a los 99 años. Desde ese momento, el ingreso
 de lectores, vecinos y admiradores fue constante, y se acercaron hasta el lugar numerosas figuras
 de la política y el periodismo. 

La primera en llegar fue la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, que aseguró que “conocer a Ernesto
 y Matilde – su compañera durante décadas – fue un gran honor y una satisfacción” y que “cuando
 se muere una persona tan buena e inteligente, el país sufre”. Graciela Fernández Meijide, que
 compartió con el autor de El túnel el trabajo en la Conadep, destacó sus principios, su ética, y 
su valentía “para aceptar formar parte y dirigir una comisión investigadora cuando nadie podía 
asegurar que los militares habían abandonado su ambición de ocupar el poder”. 

Enseguida llegaron el diputado nacional Francisco De Narváez, que definió al escritor como
 “un gran argentino, no sólo un gran escritor sino un gran luchador por la libertad y los
 derechos humanos”, y Daniel Filmus, senador nacional y precandidato a Jefe de Gobierno
 porteño, que lo recordó como un humanista y como un “defensor de la paz”, más allá 
de la profundidad de su obra literaria, señaló el funcionario, que también destaco su 
rol en la Conadep. 


José Miguel Onaindia, abogado y ex director del Centro Cultural Rojas, comentó que “con Ernesto
 Sabato se va un tipo de intelectual, típico del siglo XX, un intelectual comprometido con la ciencia,
 la política y la cuestión pública; él fue el último de todos ellos”. Juan Carr, presidente de Red
 Solidaria, coincidió con Filmus al definir a Sabato como “un hombre de la cultura por la paz,
 que marcó a toda una generación y que arriesgó su vida; merece un gran aplauso y que su
 herencia se desparrame”. 
El salón del Club Defensores, donde Sabato pidió expresamente ser velado, mezcló los saludos a
 su hijo Mario, el silencio respetuoso, el olor de las flores – entre ellas, la corona que envío la presidenta
 Cristina Fernández de Kirchner -, y el llanto de muchos; que apenas salían cruzaban la calle y leían 
atentos los mensajes que se multiplicaron en la puerta de su casa: “Gracias, maestro”, le decían,
 entre otras tantas cosas. 


No sólo la presidenta Cristina Kirchner, la secretaría de Cultura y la embajada de España enviaron
 coronas para expresar sus condolencias. El mayor reconocimiento a Sabato se lo dieron sus vecinos
 -esos que él quería que lo recordaran como "un buen vecino"- que acercaron flores y pegaron
 carteles expresando su dolor por la partida del escritor. 


Ya entrada la noche, la gente siguió firme en los alrededores. Nadie se quería ir. Ni siquiera cuando
 se supo que el club cerraría cuando las agujas del reloj marcaran los primeros minutos del día
 domingo. Todos buscaron la manera para expresar su respeto, admiración y tristeza por su muerte.
 Muchos prometieron volver entre las 8.30 y las 10.30, horario en el que las puertas volverán a estar
 abiertasr. Y otros tantos dijeron que acompañarán al cortejo fúnebre, que partirá cerca del
 mediodía rumbo al cementario Jardín de Paz, de Pilar, donde descansarán los restos del notable
 escritor. 
El adiós a un intelectual emblemático 
El fallecimiento de Sabato fue confirmado por su colaboradora y última compañera Elvira González
 Fraga. "Hace quince días tuvo una bronquitis", contó en diálogo con Radio Mitre. "Estaba sufriendo
 hace tiempo, pero todavía pasaba algunos momentos buenos, principalmente cuando escuchaba
 música", le contó al canal de cable Todo Noticias. 

Testigo y paradigma de su tiempo, la figura de Sabato adquirió una dimensión diferente luego de
 la dictadura militar con su labor al frente de la Conadep (Comisión Nacional de Desaparición de Personas). 


Lejos de asumir un rol incontrastable, el autor de la trilogía de novelas "El Túnel" (1948),
 "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abbadón el exterminador" (1974) fue un escritor y un ser
 humano polémico, cruzado por sus propias contradicciones, presentes en algunos de sus
 personajes literarios. 
"Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año.
 Por el contrario, a menudo, en la tarde quemaba lo que había escrito a la mañana", declaró
 una y otra vez para referirse a esa obra que marcó las generaciones del 60 y 70 y se desdibujó
 cuando sus ojos comenzaron a fallar, para ser reemplazada por la pintura. 


Sus escritos finales, que incluyen memorias y crónicas de la vejez, constituyen su postrera 
despedida con la escritura, más allá de algún destello vital como la conmovedora confesión
 de amor a su colaboradora Elvira Fernández Fraga, hoy al frente de la fundación que
 lleva su nombre. 
Su figura recobró fuerza como portavoz de valores añorados por una sociedad atravesada primero
 por la dictadura militar y luego por el neoliberalismo de los 90. Su mensaje se concentró en los
 jóvenes: "Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía -dijo- serán aptos para el combate decisivo,
 el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido". 

Sabato había nacido el 24 de junio de 1911 en la ciudad bonaerense de Rojas. Iba a ser
 homenajeado mañana en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos 
Aires, ya que este año iba a cumplir 100 años. 

Durante su larga trayectoria, por solicitud del entonces presidente Raúl Alfonsín presidió entre 1983 
y 1984 la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación,
 plasmada en el libro Nunca Más, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares. 

Sabato en 1984 recibió el premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a
 los escritores de habla hispana, por lo cual fue el segundo escritor argentino en recibir este premio,
 luego de Jorge Luis Borges en 1979. 

En 1975, Sabato obtuvo el premio de Consagración Nacional de la Argentina y un año más tarde
 se le concedió el premio a la Mejor Novela Extranjera en Francia, por Abaddón el exterminador. 
Luego, en 1977 Italia le otorgó el premio Medici y al año siguiente le otorgaron la Gran Cruz al 
mérito civil en España, y en 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor. 

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